La aventura
La aventura HabÃa condescendido a liarle unos cigarrillos a Tomás, cuya mano de madera se lo impedÃa, y lanzó al viento una pizca de tabaco, riéndose.
—En Jamaica hay un comerciante, un tal señor Ramón; tengo cartas para él; me procurará el transporte hasta RÃo Medio, la ciudad de mi tÃo. Es un afiliado.
Volvió a reÃrse.
—No es fácil entrar en esa plaza, Juanito.
Sin duda habÃa cierto misterio alrededor de esta ciudad de su tÃo. Una noche le oà por casualidad decirle a Castro:
—Dime, Tomás, ¿no será peligroso llevar a este caballero, primo mÃo, a RÃo Medio?
Castro hizo una pausa y luego murmuró bruscamente:
—Señor, a menos que consultemos antes a ese irlandés, o que el lord inglés prometa ocuparse de los piratas, seguro que será peligroso.
Carlos dejó escapar una leve exclamación de asombro.
—Pero ¿tan peligrosa es la ciudad de mi tÃo?
Tomás masculló algo que yo no capté y luego añadió: