La aventura
La aventura —Si el caballero inglés comete indiscreciones, o discrepa (toda esa gente está siempre discrepando, sólo Dios sabe por qué), ese demonio irlandés podrÃa colgar a muchas personas, incluso a mà mismo, o vengarse de su SeñorÃa.
Carlos se calló, como si estuviese absorto. Al fin dijo:
—Pero si las cosas son como dices, serÃa mejor tener más gente a nuestro lado. Mi primo, el caballero, es muy fuerte y tiene mucho valor.
Castro gruñó:
—Ah, sÃ, ¡valor! Pero como dice el proverbio: «Si metes a un inglés en un nido de avispas, éstas no se quedarán dentro por mucho tiempo».
Desde entonces evité cualquier alusión a Cuba, porque, pensándolo bien, la cosa no estaba clara. Era evidente que algo raro iba a pasar allá, pues si no ¿cómo era posible que ese demonio irlandés, quienquiera que fuese, tuviera poder para colgar a Tomás y para vengarse de Carlos? Aquello no afectó al cariño que yo sentÃa por Carlos, aunque, con la impaciencia por ese misterio, la travesÃa se me hizo un poco larga. Y era bastante obvio que Carlos no querÃa o no podÃa decir nada acerca de lo que le preocupaba.