La aventura
La aventura —Sà —le respondà con bastante amargura—. Para mà siempre será todo igual. Jamás veré mundo. Tú has visto todo lo que hay que ver, asà que supongo que no te importará establecerte en un palacio con tu viejo tÃo.
Me respondió bruscamente en un tono algo sombrÃo:
—Será lo que Dios quiera. Vete a saber. Tal vez la vida no sea tan segura en el palacio de mi tÃo.
El segundo oficial se dirigÃa hacia nosotros de nuevo.
—Bueno —dije yo jocosamente—, cuando me harte de la vida en Horton Pen, iré a visitarte a la ciudad de tu tÃo.
Carlos tuvo un nuevo ataque de tos.
—Después de todo, somos parientes —prosegu×. Posiblemente me concederás una cama.
El segundo oficial estaba ahora muy cerca de nosotros.
Carlos me miró con una expresión tan afectuosa que me avergoncé un poco de mi ligereza.
—Para mà eres mucho más que un pariente, Juan —me dijo—. Ojalá pudieras venir conmigo. Intentaré arreglarlo. Más tarde puede que esté muerto. Estoy muy enfermo.