La aventura
La aventura Esperé su salto dudando, con incredulidad, con el nerviosismo desvalido de los débiles. Poco a poco pareció relajarse completamente.
—Podrás beber todo lo que quieras; beber y beber y beber, Castro. Agua. Agua clara, agua frÃa. ¡Prueba, Castro!
Con acentos que casi eran cariñosos en su urgencia, le invitaba a ir a beber antes de morir. Su voz parecÃa echar un maleficio, como un conjuro, a esa figura rechoncha y pequeña, cuyo rostro vuelto hacia arriba, todo oÃdos, mostraba cierta ansia.
—Podrás beber. Beber —varias veces repitió Manuel la palabra y luego, de pronto, gritó—: prueba, Castro, prueba.