La aventura
La aventura El joven vaquero se habÃa quitado el sombrero ante el poderÃo de la muerte, persignándose mecánicamente. Contempló de arriba abajo la alta pared, como si eso pudiera darle la solución de aquel enigma. Por dos veces sus espuelas entrechocaron suavemente y, agarrando la cuerda con una mano, se inclinó sobre el cadáver en la penumbra.
—Buscábamos a este lugareño —dijo, volviéndose a poner el sombrero de manera despreocupada—. Le chiflaba cantar y una vez le vi matar a uno de los nuestros con suma rapidez. SolÃan llamarle en broma «El Demonio». Ah. Pero usted… usted…
El asombro se apoderó de él. Sus ojos estupefactos brillaron tenuemente, mirándonos fijamente en la oscuridad cada vez más profunda.
—Hable, hombre —gritó—. ¿Quién es usted y quién es la chica? ¿De dónde vienen? ¿Adonde va con esta mujer?…