La aventura
La aventura RĂo Medio era el nombre de la ciudad a la que se dirigĂa Carlos… la ciudad que pertenecĂa a su tĂo. Los dos hombres se alejaron.
ÂżQuĂ© debĂa suponer yo? ÂżQuĂ© significaba todo aquello? Entonces llegĂł hasta mis oĂdos como un toque de trompeta procedente del segundo oficial: «Lárguese, jovencito».
De pronto empecĂ© a sentir una enorme impaciencia por encontrar a Macdonald… por el hecho de que no verĂa más a Carlos.
Arriba sonó una voz ronca en español.
—Señor, eso serĂa una locura.
Tomás Castro descendĂa cautelosamente por la escala. VenĂa a buscar su fardo.
EntrĂ© de prisa hasta el fondo de la vasta y sombrĂa caverna que servĂa de alojamiento en el entrepuente.
—Lo necesito mucho —dijo Carlos—. Me gusta. Nos serĂa Ăştil.
—Como su SeñorĂa desee —dijo Castro bruscamente. Estaban ambos al final de la escala—. Pero un inglĂ©s allá abajo puede ser perjudicial. Y este joven…
—Me lo llevaré, Tomás —dijo Carlos, poniéndole una mano en el brazo.