La aventura
La aventura —No. Ni siquiera esta noche. Le dijo a su mujer que iba a pasar el dÃa fuera de la ciudad con su consignatario, pero me hizo un guiño. Esta tarde enviará una nota diciendo que el consignatario le retiene por esta noche porque las cartas no están listas, y yo tendré que ir a ver a su esposa y mentirle lo mejor que pueda afirmando que es la cosa más natural del mundo. ¡Mecachis!
Yo estaba consternado. Aquello era demasiado. Y como las disolutas costumbres de aquel hombre me ponÃan furioso, Sebright me suplicó que moderase la voz de manera que no me oyeran en el camarote. ¿Acaso esperaba yo que ese hombre cambiase de piel? Toda su vida la habÃa pasado de juerga en juerga, sin sospechar que estuviese haciendo nada particularmente escandaloso.