La aventura
La aventura El dijo algo entre dientes… y el hecho de que me hablase mostraba lo violento que debĂa ser el temporal para que Ă©l se dejara arrancar algunas palabras…
—Muy fuerte… Ha pasado un barco grande que hace el servicio de las Indias y no lo vimos más que un minuto; después…
Se alejó refunfuñando.
Y de pronto se me ocurrió una idea. ¿Y si el barco de las Indias fuese el Lion… con Serafina a bordo?
El hombre no quiso hablarme cuando regresĂł. Nadie querĂa; yo era un pirata que habĂa disparado contra mis propios compatriotas. Y esa idea me persiguiĂł hasta Newgate… si ella estaba muerta; si me la habĂa llevado de aquel lugar seguro, pacĂfico, para perecer allĂ… y perecer yo mismo.
—¡Colgado! —dijo el llavero—. Será colgado con toda seguridad —se golpeĂł en la flácida mano con la enorme llave—. Todo parece indicarlo. Por tratarse de un caso del Almirantazgo, deberĂan haberle enviado a Marshalsea. Y he aquĂ que le mandan a una celda aislada y me pasan la consigna de no dejarle hablar una maldita palabra a ningĂşn alma bendita. ÂżPor quĂ© no le dejan ver a un abogado? ÂżPor quĂ©? Porque tienen la intenciĂłn de colgarle.
—Eso no me preocupa —dije—. ÂżHa oĂdo hablar de un barco llamado Lion? ÂżPuede averiguar quĂ© ha sido de Ă©l?