La aventura
La aventura —¿TenÃa él los ojos como yo, o la nariz, o la boca?
—No podrÃa decirlo —respondió de nuevo—. TenÃa la tez morena.
—¿No hablaba él como un «nariz amoratada»… a la manera de los habitantes de Nueva Escocia?
—Pues sà —asintió Sadler lentamente—. Pero cualquiera podrÃa hacerlo para despistar. Es tan fácil…
A mi lado, el llavero me susurró de repente:
—Deténgalo; ciérrele la boca.
—¿Acaso no era más viejo que yo? —dije yo—. ¿No parecÃa tener entre cuarenta y cincuenta años?
—¿Cuántos aparenta usted? —preguntó el primer oficial.
—Tengo veinticuatro años —respondà yo—. Puedo demostrarlo.
—Pues parece tener cuarenta e incluso más —respondió él, negligentemente—. Como él.