Nostromo
Nostromo En todas estas familias pudo escuchar historias de atropellos políticos: amigos y parientes, arruinados, encarcelados, muertos en las batallas de insensatas guerras civiles, bárbaramente ejecutados tras feroces proscripciones, como si el gobierno hubiera consistido en una lucha de concupiscencias entre bandos de diablos absurdos, desatados sobre el país con sables, uniformes y frases grandilocuentes. Y de todos los labios oyó el cansancio de tal situación unido al deseo de paz; el temor del funcionarismo con su parodia de administración, enteramente ajena a toda ley, a toda seguridad y a toda justicia, que atormentaba a la población de los campos como una pesadilla.
La viajera soportó muy bien dos meses enteros de vagabundo viajar; poseía la resistencia a la fatiga, que de cuando en cuando se notan con sorpresa en mujeres de aspecto endeble, indicio de estar animadas por un espíritu de notable tenacidad. Don Pepe, el viejo comandante de Costaguana, después de prodigar sus solicitudes a la delicada dama, había acabado confiriéndola el título de «la señora infatigable».