Nostromo
Nostromo Los amazacotados puentes de piedra y las iglesias recordaban los tiempos en que la población indígena subyugada por los conquistadores había prestado el tributo de su trabajo sin remuneración ninguna. El poder del rey y la influencia dominadora de la Iglesia habían desaparecido; pero al tropezar con algún enorme montón de ruinas descollando en la cima de un cerro sobre las humildes construcciones de barro de una aldea, don Pepe solía interrumpir el relato de sus campañas para exclamar:
—¡Pobre Costaguana! Antes fue toda para los Padres, que al fin y al cabo vivían y morían con el pueblo y para el pueblo; y ahora lo es para los grandes políticos de Santa Marta, que son una cuadrilla de negros y ladrones.