Nostromo
Nostromo Ahora se resolvió a partir. Imposible hacer negocio de explosivos con un administrador tan bien provisto y de tan bruscas despachaderas. HabÃa sufrido horrores en su penosa cabalgada a través de la Sierra y corrido el peligro de ser despojado de todo por el bandido Hernández para no sacar provecho alguno. ¡Ni pieles, ni dinamita! El continente del israelita expresó el más profundo desencanto. Al llegar a la puerta, hizo una gran inclinación al ingeniero en jefe; pero en el patio, cuando hubo bajado la escalera, puesta la regordeta mano sobre los labios con aire meditabundo y asombrado, murmuró:
—¿Para qué querrá tanta dinamita almacenada? Y ¿porqué me habrá hablado de ese modo?
El ingeniero en jefe, echando desde la puerta de la sala una mirada al interior, de donde habÃa desaparecido enteramente la marejada polÃtica, dirigió una venia familiar al dueño de la casa, plantado sobre la alfombra como una baliza entre los desiertos arrecifes del mueblaje.
—Buenas noches. Me voy. Tengo a mi gente aguardándome en la planta baja. La empresa del ferrocarril sabrá dónde ha de acudir por dinamita cuando nos falte. Hasta ahora hemos venido trabajando en roturaciones y desmontes; pero en breve tendremos que abrirnos camino a fuerza de barrenos.