Nostromo
Nostromo «El sol tarda en brillar sobre Sulaco, porque primero tiene que elevarse por encima de las montañas. Como la claridad de la mañana era superior a la del crepúsculo, Nostromo pudo divisar al final de la calle, más allá de la catedral, a un hombre a caballo, que al parecer se hallaba en grave apuro, acosado por un grupo de gentuza. Al punto me dijo: “Es un forastero. ¿Qué estarán haciendo con él?”. Luego sacó el pito de plata que suele usar en el muelle (al parecer tiene a menos gastar otro metal menos precioso) y silbó dos veces, haciendo la señal convenida sin duda con sus cargadores. Tras esto, salió corriendo, y los obreros del puerto se congregaron a su alrededor».