Nostromo
Nostromo —Seguramente ellos no imaginaron que habÃa usted de mirar este negocio como cosa tan desesperada —dijo.
—Pues ¿cómo lo habÃa de mirar? ¿Como una broma? —refunfuñó el hombre que en los libros de contabilidad de la CompañÃa O.S.N. en la oficina de Sulaco figuraba con el tÃtulo de «Capataz del Muelle», frente a la cifra de su salario—. ¿Ha sido broma despertarme de mi sueño después de dos dÃas de pelea en las calles, para hacerme exponer la vida a una mala carta? Además han debido tener en cuenta que, según dice todo el mundo, no soy jugador afortunado.
—SÃ, y también habla todo el mundo de su buena fortuna con las mujeres, capataz —replicó Decoud con acento cansado, intentando calmar a su compañero.