Nostromo
Nostromo La única figura femenina de la reunión era la señora Gould, esposa de don Carlos, el administrador de la mina de plata de Santo Tomás. Las señoras de Sulaco no habían progresado bastante para intervenir en la vida pública en tanto grado. No tuvieron reparo en acudir al gran baile dado en la Intendencia la noche anterior; pero ahora sólo se veía a la señora de Gould, cuyo traje claro y ligero resaltaba en el grupo de negros fracs, detrás del Presidente-Dictador sobre la tribuna tapizada de carmesí, erigida al pie de un frondoso árbol, en la playa del puerto, donde se había celebrado la ceremonia de dar la primera azadonada. Había llegado en el lanchón, lleno de notabilidades, sentada entre el flotar de alegres banderolas en el sitio de honor al lado del capitán Mitchell, que empuñaba el timón; y su elegante atavío daba la única nota verdaderamente festiva en el sombrío grupo del largo y suntuoso salón del Juno.
El presidente del consejo del ferrocarril (procedente de Londres), de rostro afable y pálido, orlado por plateada aureola de cabello blanco y barba recortada, se volvía hacia la señora de Gould, atento, sonriente y fatigado.