Nostromo
Nostromo —Se lo diré a usted claramente: mientras viva —replicó el doctor con acento obstinado, y a continuación refirió en pocas palabras la historia de su arresto y los pormenores de su liberación—. Cuando nos hemos encontrado, me disponÃa a entrevistarme de nuevo con ese estúpido canalla.
Nostromo habÃa escuchado con profunda atención.
—Por lo visto usted ha tomado la resolución de morir pronto —murmuró entre dientes.
—Tal vez, mi ilustre capataz —asintió el doctor con aire tétrico—. No es usted aquà el único que puede ver a dos pasos una muerte horrible.
—Indudablemente —masculló el otro, bastante alto para ser oÃdo a distancia—. Puede haber mas de dos tontos en este sitio. ¿Quién sabe?
—Y ese es asunto mÃo —dijo el doctor secamente.
—Como fue cosa mÃa el traslado de la maldita plata —replicó Nostromo—. Comprendo. Bueno. Cada uno de nosotros tiene sus razones. Pero usted fue el último con quien hablé antes de partir y me trató usted como si fuera un mentecato.