Nostromo
Nostromo —¿No? Pues si usted no hubiera confirmado a Sotillo en su manÃa, tal vez no se hubiera dado tanta prisa en aplicar la tortura a ese desgraciado Hirsch.
El doctor se estremeció ante la indicación. Pero, dominado enteramente por su afecto a los Gould, se le habÃa endurecido el corazón para no sentir remordimiento ni lástima. Con todo, para su mayor tranquilidad, creyó necesario repeler la acusación en tono enérgico y despectivo.
—¡Bah! Se atreve usted a decirme eso, en el caso de un hombre como Sotillo. Confieso que no pensé para nada en Hirsch. Por supuesto, de nada hubiera servido. Todo el mundo puede ver que el infeliz estaba condenado a perecer desde el momento en que se agarró al áncora. Estaba perdido, se lo aseguro a usted. Como lo estoy yo… casi con toda seguridad.