Nostromo

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A pesar de sus títulos de Inspector General de los Hospitales del Estado (puestos a cargo de la Concesión Gould), Consejero Oficial de Sanidad nombrado por el Municipio, Médico Jefe de las Minas-Reunidas de Santo Tomé (cuyos terrenos abundantes en oro, plata, cobre, plomo, cobalto, se extienden por millas a lo largo de las estribaciones de la Cordillera), el doctor se había sentido pobre, miserable y hambriento, durante la segunda larga visita de los Goulds a Europa y a los Estados Unidos de América. Íntimo de la casa, amigo probado, solterón sin domicilio (fuera del consultorio médico), había sido invitado a alojarse en la magnífica residencia de sus protectores, los Goulds. A los once meses de faltar éstos, se le habían hecho intolerables las habitaciones bien conocidas, por recordarle en cada pormenor la mujer a quien tenía consagrado su leal cariño. Al acercarse la fecha de arribo del vapor correo Hermes (última adquisición agregada a la espléndida flota de la Compañía O.S.N.), el hombre renqueaba de aquí para allá con mayor vivacidad y soltaba desplantes más irónicos a los sencillos y afables sin otro motivo que su exacerbada nerviosidad.

Preparó su modesta maleta con apresuramiento, con furia, con entusiasmo, y la vio sacar a la entrada de la casa Gould bajo las miradas curiosas del viejo portero, con verdadera fruición, con embriaguez.


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