Nostromo
Nostromo Era valiente, con un valor adulterado, pero tan bueno para sus fines como el genuino. Navegó por cerca del peñón de la Gran Isabel, echando una penetrante mirada desde el puente a la boca de la barranca, obstruida por un matorral virgen. Pasó bastante cerca para cambiar saludos con los, obreros, que miraban, haciendo pantalla con las manos sobre los ojos; desde la cresta del peñasco, dominado por la palanca de una potente grúa. Observó que ninguno de ellos había tenido ocasión de acercarse siquiera a la barranca, cuanto menos de entrar en ella. En el puerto supo que no dormía ninguno en la isla. Las cuadrillas de operarios regresaban a tierra firme todas las tardes, cantando a coro en los lanchones vacíos, arrastrados por un remolcador. Por el momento no tenía nada que temer.