Situacion limite
Situacion limite Era una avenida recién abierta, y mal acabada, con rudimentarias aceras y una capa de polvo que cubría a modo de colchón toda la anchura de la calle. Uno de los extremos daba a la abigarrada calle de tiendas chinas de cerca del puerto, y el otro se adentraba unos tres kilómetros por áreas despobladas llenas de manchas de vegetación de jungla, hasta las verjas de la nueva Consolidated Docks Company. Las frías fachadas de nuevos edificios gubernamentales se alternaban con las vallas lisas de solares sin edificar, y el vasto espacio de cielo parecía dar más amplitud aún al panorama. Pasadas las horas comerciales, los nativos huían de aquellos parajes como si tuviesen miedo de que alguno de los tigres de las cercanías de los nuevos depósitos de agua apareciese en lo alto de la colina y bajase al trote hasta el centro a llevarse algún tendero chino para cenar. El capitán Whalley no se sentía pequeño ante la soledad de una calle de trazado tan anchuroso. Tenía demasiado buen porte como para eso. Era sólo una figura solitaria que caminaba concienzudamente, con una gran barba como de peregrino, y un grueso bastón que parecía un arma. A un lado, el nuevo Palacio de Justicia tenía un pórtico bajo y sin ornato de columnas cuadradas medio ocultas por unos pocos árboles vetustos que habían dejado en pie a la entrada. Al otro lado, los pabellones que formaban las alas del nuevo Tesoro Colonial llegaban hasta la altura de la calle. Pero el capitán Whalley, que ya no tenía casa ni barco, recordaba al pasar que, en aquel mismo sitio, cuando él llegó por primera vez procedente de Inglaterra, había un poblado de pescadores, unas pocas tiendas de lona levantadas con palos, entre un entrante del mar lleno de limo y un embarrado camino que serpenteaba adentrándose en una selva enmarañada, sin ningún almacén ni depósito de agua.