Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —¡Es preciso vencerle! —dijo entonces el joven Bahassoen con vehemencia—. Nosotros, todos nosotros, estamos dispuestos a luchar con él y a vencerlo con tal de que alguien se preste a ayudarnos. ¡Tuan Abdulah, necesitamos un jefe! ¿Quieres tú, el más ilustre de los prÃncipes de nuestra raza, ser ese jefe que necesitamos?
Abdulah no contestó en seguida. Sus labios se movieron un poco, mientras se acariciaba la barba con sus dedos largos y aristocráticos.
Todos guardaron un respetuoso silencio.
Al fin, el prÃncipe habló de esta manera:
—Yo serÃa vuestro jefe y vendrÃa en vuestra ayuda si mis buques pudiesen penetrar en este rÃo.
—Vuestros buques entrarán, prÃncipe —exclamó Babalatchi apasionadamente—. Hay aquà un hombre blanco que…
—Quisiera ver a Omar el Badavi y a ese hombre blanco sobre el que tú me escribÃas tanto —interrumpió Abdulah.