Un vagabundo de las islas

Un vagabundo de las islas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Una sombra pasó por el rostro de Babalatchi. Aquel príncipe tan poderoso, ¿no exigiría luego, en pago de su ayuda, una sumisión absoluta de los que iban a recibir sus favores y mercedes? Y Babalatchi conoció, en la víspera misma de su triunfo, esa gota de amargura y de dolor que acompaña a todos los éxitos y a todas las alegrías de la vida.

De pronto oyó ruido de pasos, y al levantar la cabeza vio a Willems que bajaba de la veranda al jardín. La luz del interior de la casa se filtraba a través de los intersticios de los tablones, y Babalatchi pudo distinguir de este modo a Aissa, que salía también tras su amante. Pero casi en el mismo momento desapareció.

Babalatchi se puso en pie de un salto, y en el acto la voz del hombre blanco gritó desde arriba:

—¿Dónde está Abdulah?

Babalatchi señaló la casa de Omar. Las voces habían cesado un momento antes, pero en aquel instante se oyeron de nuevo. Willems dijo:

—¡Avive esa lumbre! ¡Quiero verle a usted el rostro, saber quién es!

Babalatchi echó unos leños al fuego medio apagado que se veía bajo el árbol inmenso, y la llama brilló intensamente, iluminando al tuerto, que miraba a Willems con su único ojo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker