Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas En el desembarcadero quedaron Lakamba y los suyos con el corazón henchido de esperanza. Abdulah había prometido el triunfo, y el príncipe, que era a la vez un gran comerciante, no conocía ni la derrota ni los fracasos. Alá estaría con ellos.
Las barcas de Abdulah bogaban río abajo, en busca del mar, donde esperaba al príncipe su buque, el Señor de las Islas (antiguamente de Greenock, pero entonces registrado como de Penang), anclado en una ensenada de Tanjonk Mirrah, en espera de la marea favorable para levar anclas en cuanto estuviese su dueño a bordo.
Lakamba, Sahamin y Bahassoen permanecieron durante algún tiempo contemplando el río en sombras por donde habían desaparecido las barcas que se llevaban al príncipe y a su comitiva.