Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas De pronto, Sahamin hizo una pausa, y su colega Bahassoen comenzó a hablar lleno de entusiasmo. Pero su entusiasmo era distinto del que hacía estremecer al anciano Sahamin. El comercio era algo excelente, pero mejor y más grande era apoderarse por la violencia de los bienes de los otros, humillar a los enemigos, someter a los hombres blancos.
Excitándose gradualmente, elevaba la voz cada vez más y, apoyando la diestra en la empuñadura de su espada, amenazó, furioso, a los enemigos de su raza, hablando de terribles degüellos, de incendiar, arrasar y exterminar cuanto perteneciera a los blancos aborrecidos, y proclamando el valor indomable de los antecesores de su estirpe.