Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —Tú quieres vivir, marcharte de nuevo lejos de mi lado —murmuró él dulcemente—. Dime la verdad: ¿es eso lo que quieres?
Ella se acercó entonces a él con la cabeza un poco ladeada, las manos en las caderas y balanceando rÃtmicamente su cuerpo ondulante: un acercamiento seductor más que una huida. Él la contempló ansioso, seducido, encantado. Y ella habló de nuevo con tono de chanza:
—¿Y qué le puedo yo decir a un hombre que ha estado tres dÃas lejos de mÃ? ¡Tres! —repitió la joven levantando de un modo juguetón tres dedos y poniéndolos ante el rostro de Willems.
Él intentó cogerle una mano, pero ella se retiró vivamente y dijo:
—¡No, no! No quiero que me cojas. Iré yo misma hacia ti, pero por mi propia voluntad. Tú estáte quieto. ¡No me cojas con tu mano, niño mÃo!