Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas El rostro de Lingard expresaba una indignación profunda y una gran simpatía hacia su amigo, pero no quiso hablar. Almayer se acodó en la mesa, apoyó la cabeza en las manos y siguió hablando en aquella postura, sin mirar a su amigo, que le escuchaba absorto: