Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas ¡Su rÃo! ¡Cómo lo amaba! Para él no sólo era una fuente inmensa de riquezas, sino también algo lleno de un interés inagotable. Esto hacÃa que el capitán Lingard fuera ante los ojos de los indÃgenas de aquella isla un hombre extraño, inmensamente simpático y completamente distinto de los otros comerciantes con los que a veces tenÃan que traficar los malayos, a pesar de la especie de monopolio que el marino ejercÃa sobre toda la comarca. Y Lingard, que amaba al rÃo y a la isla entera con tan profunda delicia, con tan honda ternura, se daba cuenta entonces, después de aquella desgracia, de lo que habÃa representado en su existencia, de lo que suponÃa en su vida, el cariño hacia aquel paÃs encantador.