Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —Pues sà —continuó Babalatchi—. Hace ya muchos años, muchos. Entonces tenÃa usted la barba rubia, mientras que ahora parece espuma de mar.
El capitán sonrió y no contestó. HacÃa muchos años que vivÃa entre los malayos, y los conocÃa demasiado bien para que pudiera extrañarse del lenguaje de su interlocutor. Tal vez aquella noche su paciencia fuese mayor que de costumbre. Estaba dispuesto, si no a escuchar con atención a Babalatchi, por lo menos a dejarle hablar. Esperaba que en el curso de la conversación el malayo aludiera a Willems, a la vida y a la conducta de éste en Sambir, lo cual le permitirÃa formarse una idea para la estricta aplicación de la justicia.
Porque Lingard sólo querÃa hacer justicia. Nada de venganzas. Era su deber hacer justicia, y hacerla precisamente por su propia mano.