Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas El malayo seguía hablando, y el capitán le miraba de un modo distraído, oyendo apenas su voz y siguiendo el movimiento de sus labios gruesos y sucios. Por la imaginación de Lingard desfilaban, como llamados por las palabras del indígena, todos los recuerdos de su larga vida de marino: sus luchas en Carimata, los difíciles tiempos en que empezaba a comerciar por aquellas islas y por aquellos mares; en fin, mil pequeños detalles y anécdotas de su existencia aventurera y nómada, entre los que descollaba el encuentro de aquel vagabundo medio muerto de hambre que una noche recogió en la rada de Samarang.