Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas Se acordaba de la impresión que le causó Willems desde el primer momento. Todo le habÃa agradado en él: su confianza en sà mismo, su energÃa, su gran deseo de mejorar de suerte y de trabajar con firmeza y con paciencia, su buen humor, que le hacÃa estar alegre en medio de la desgracia, su carácter igual y amable. Hasta sus defectos se le habÃan hecho agradables, porque le recordaban los suyos. Lingard habÃa procurado desde el principio ayudar a aquel hombre. HabÃa sentido por él idéntico interés al que sentÃa en aquellos momentos en que parecÃa que todo iba a terminar entre ellos para siempre. Al pensar en esto, el capitán frunció el ceño. Y sus ojos se perdieron en las sombras a través de la puerta entreabierta, en la hermosura de la noche tropical, como si quisieran interrogar al porvenir sobre los sucesos que iban a desarrollarse.