Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —Como le digo, he luchado mucho por ella. Ella me incitaba sin cesar a la violencia y al asesinato. Nadie, y yo menos que nadie, sabemos por qué. Mejor dicho, no sé si alguien sabrá el motivo; yo lo ignoro… De todos modos, ella me empujaba a la acción y a la violencia en todos los instantes, sin tregua. Por fortuna, Abdulah es un hombre sensato; de no haber venido él, no sé lo que hubiese hecho instigado por esa mujer infernal y malvada. Me dominaba, me tenÃa cogido como una pesadilla a la vez dulce y terrible. Pero luego otra vida fue surgiendo en mÃ, como una nueva conciencia. Desperté. Entonces me sorprendà terriblemente al encontrarme junto a un animal tan dañino y tan peligroso como un gato salvaje. ¡No puede imaginarse lo que he pasado en estos meses, capitán Lingard! Su padre intentó matarme, y ella estuvo a punto de matarlo a él… y no sé si de matarme también a mÃ. Es una mujer capaz de todo, cuyo egoÃsmo la llevarÃa al crimen con tal de triunfar en sus pasiones y en sus deseos. ¡Es una loba! Cuando veo lo que ha hecho de mÃ, de Willems, entonces la odio a muerte. Mañana podrÃa necesitar mi vida, sentir el deseo de matarme porque sÃ, por una pequeñez, para vengar cualquier agravio tonto e insignificante. ¿Cómo puedo adivinar lo que siente ni lo que piensa una mujer asÃ?
Hizo una pausa. Sus labios, lo mismo que todo su cuerpo, temblaban de un modo casi imperceptible. Luego añadió: