Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —Intenté hacer algo. Quise arrebatar a la muchacha del lado de los suyos, de este pueblo bárbaro e ignorante, y fui a ver a Almayer; pero Almayer, no quiso siquiera escucharme. ¡Es un tonto y un loco! Luego se presentó aquà Abdulah, y la muchacha desapareció. Pero yo estaba ya cogido en sus redes… Y se produjo la catástrofe. Yo soy el primero en lamentarla, capitán Lingard. En cuanto a su dominio sobre la colonia, un dÃa u otro tenÃa que acabar. No iba usted a dominar siempre a estas gentes. Y en cuanto a mÃ, no es precisamente lo hecho lo que me atormenta; es el porqué, es la causa de mis acciones, es la locura que me ha empujado a ellas. Y es el pensar que todo puede perderse aún y yo sea el responsable de cuanto ha ocurrido.
—Aunque asà fuera —repuso Lingard con serenidad—, le prometo desde ahora que no se hará daño a nadie ni tomaremos represalias.
Willems miró al marino con el ceño ligeramente fruncido, como si no comprendiera, y luego siguió diciendo: