Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas Al pensar en Lingard, el vagabundo experimentaba por momentos una cólera sorda y terrible que le hacía proyectar las más terribles venganzas. Pero aquellos delirios de su imaginación pasaban pronto, y en él sólo quedaba el residuo triste y lamentable de su impotencia. En realidad, estaba aplastado, acobardado por la enorme extensión de su desastre. Como la mayoría de los hombres, Willems había creído llevar el universo entero dentro de su pecho, y se asombraba de que todo aquello pudiera morir y se derrumbase tan fácilmente.
Tenía que confesarse que sentía miedo, un miedo de animal acobardado, empequeñecido y herido. ¡Ah, en qué estado de miseria había caído! ¡Él, que un día fue un hombre orgulloso, alegre y fuerte!