El corsario rojo
El corsario rojo Los viajeros, a lo largo de las diferentes rutas que conducían hacia el interior de la isla, se reunían en pequeños grupos, donde los resultados políticos del gran acontecimiento nacional que acababan de celebrar y la forma en que habían sido tratados por los diferentes individuos elegidos para desempeñar el primer papel en las ceremonias del día eran examinados libremente, aunque sin embargo con un gran respeto hacia la reputación otorgada a los personajes distinguidos más interesados en el asunto. En general se consideraba que el discurso, que bien podría llamarse histórico, era tan esmerado como edificante; y, en suma, aunque esta opinión encontró una contradicción moderada en casa de algunos clientes de un abogado opuesto al orador, se convenía en que jamás había salido de boca alguna un discurso más elocuente que el que aquel día se había pronunciado en presencia de ellos.