El corsario rojo
El corsario rojo Y más allá hay un negrero, al otro lado de la fortaleza, si quiere cambiar su dinero por un cargamento de ovejas.
—¿Y cree que el barco que está dentro del puerto largará velas en cuanto cambie el viento?
—Es totalmente seguro. Mi mujer es prima de la esposa del colector, y sé que los papeles los tiene en regla, y que tan sólo le retiene el viento. Es un barco muy conocido, La Real Carolina. Hace regularmente un viaje todos los años entre las colonias y Bristol, y toca puerto aquà en la ida, nos abastecen de ciertos artÃculos y se llevan madera y agua; regresando después a Inglaterra o a Carolina, según las circunstancias.
—DÃgame, señor, ¿es un barco bien armado? —preguntó el extranjero que empezaba a perder su aspecto pensativo, a causa del interés manifiesto que tomaba por esta conversación.
—SÃ, sÃ, sin que sea un bulldog que ladre para defender sus derechos, puede decir algo para el apoyo del honor de Su Majestad… Pero ¿quiere beber algo esta mañana, señor?
—Un trago de lo mejor que tenga. ¿Me aconseja que me dirija al comandante del barco que está en el canal del puerto del interior, para pedirle trabajo? ¿Cree que levará anclas tan pronto como usted me ha dicho?