El corsario rojo
El corsario rojo —Es muy probable —murmuró el extranjero que no parecía tan sorprendido como el posadero en su admiración, y que había vuelto a adoptar su actitud pensativa. En lugar de continuar este diálogo con la misma persona, desvió en seguida la conversación por otro sitio, y repitiendo a continuación que probablemente regresaría, se marchó cogiendo el camino de la casa de mistress De Lacey.
El lector sin duda ya se habrá imaginado que el extranjero que mantuvo esta conversación con el posadero no le es desconocido. En efecto, se trataba de Wilder; pero para realizar sus secretos proyectos, no quiso seguir hablando, y subiendo la colina por la pendiente sobre la que el pueblo estaba construido, caminó hacia los suburbios.