El corsario rojo
El corsario rojo No era difícil distinguir la casa que buscaba entre una docena de otras viviendas poco parecidas, a sus «sombras», como el posadero, en el sentido particular que se le da en esta región a esa palabra; al igual que guardianes, unos olmos realmente majestuosos crecían en un pequeño patio frente a la puerta. Sin embargo, para asegurarse de que no se equivocaba, pasó de las suposiciones a la certidumbre haciendo algunas preguntas, y prosiguió su camino con aire pensativo. Salió de sus reflexiones por las voces de varias personas que conversaban y que evidentemente se estaban acercando. Había sobre todo una voz que le hizo dar un vuelco el corazón sin saber por qué, y que, de una manera inconcebible incluso para él, parecía poner en movimiento todos los resortes secretos de su ser. Aprovechando la conformación del terreno, saltó, sin ser visto, sobre un pequeño montículo y aproximándose a un ángulo formado por un muro bajo, se halló muy cerca de quienes hablaban.