El corsario rojo
El corsario rojo —Uno de los términos que empleó era totalmente incorrecto, según sé por el conocimiento que tengo de la jerga marinera.
—Lo he adivinado por la expresión de sus ojos…
—Escúchame, querida. Seguramente no sea muy correcto y una dama cometa un ligero error al conocer un lenguaje tan peculiar, pero es muy singular que un marino haya cometido la misma falta al emplear precisamente los mismos términos: luego esto quiere decir que el joven habÃa oÃdo cuanto hablamos; y lo que no es menos sorprendente es que el viejo marino haya dado su aprobación, como si aquel modo de hablar hubiese sido correcto.
—Quizá —dijo Gertrudis bajando la voz— habÃan oÃdo decir que mistress De Lacey tiene predilección por ese tipo de conversación; pero después de esto, yo estoy segura de que no puede usted mirar a ese extranjero como hombre de bien.
—No lo pensarÃa más, querida, si no fuese por este extraño sentimiento que no acierto a explicarme. Quisiera verlo una vez más.