El corsario rojo
El corsario rojo —En este caso, tal vez pueda esperar que me comprenda. Debe saber, señora, que una gran parte de la seguridad que ofrece un barco depende del punto más importante para poder mantener su lado derecho más alto, lo que los marineros llaman hacer llevar. Yo estoy bien seguro de que no tengo necesidad de decir a una dama dotada de tal inteligencia, que si La Real Carolina cae sobre su bao, habrá un gran peligro para cuantos se encuentren a bordo.
—No está nada claro; pero ¿no correrÃa el mismo peligro a bordo de cualquier otro navÃo?
—Sin duda, si es que ese otro navÃo desaferra. Pero he seguido mi profesión durante muchos años, y no he visto que ocurriese este accidente más de una vez.
—Son tan buenos que nunca habÃa salido nada mejor de la mano de un constructor —dijo una voz detrás de ellos.
Se volvieron los tres y vieron a poca distancia al viejo marinero del que ya he hablado, montado sobre algo al otro lado del muro, en lo alto del cual estaba apoyado tranquilamente, dominando todo el interior del jardÃn.