El corsario rojo
El corsario rojo Wilder siguió a su guía, que salió de la habitación abierta al público por una puerta distinta de aquélla por la que había llevado al viejo marinero al interior de la casa, y le sorprendió el aspecto misterioso que el posadero adoptó en aquel momento. Después de haber atravesado un pasillo circular, éste hizo subir a Wilder, en absoluto silencio, por una escalera de caracol que conducía al piso más alto del edificio. Allí llamó con suavidad a una puerta.
—Entre —dijo una voz fuerte y grave que hizo estremecerse a nuestro aventurero.