El corsario rojo
El corsario rojo —Ese es el nombre de su jefe —respondió el sastre confiado en la importancia que le daba el conocimiento de una leyenda tan importante—, y tal es también el nombre que se le da a su barco; que ningún hombre que haya puesto el pie en él ha regresado para contar si habÃa otro mejor o peor. ¡Dios mÃo, ni viajero ni marinero! El barco es como una balandra real, según se dice, por su forma y construcción. Pero ha escapado milagrosamente a más de una buena fragata, y una vez, uno lo dice muy bajo, pues nadie se atreverÃa a pronunciar muy alto tan escandaloso relato, permaneció durante una hora bajo el fuego de un barco de cincuenta cañones, y a la vista de todos pareció hundirse como la sonda hasta el fondo del mar; pero cuando aplaudÃan y felicitaban a sus vecinos por el feliz castigo que se habÃa dado a los granujas, entró en el puerto un navÃo de las Indias Occidentales que habÃa sido saqueado por el Corsario al dÃa siguiente en que se pensó que ya habÃan terminado con ellos para siempre.
—¡Y bien!, es inaudito —respondió el campesino a quien el relato empezaba a causar una profunda impresión—. ¿Es un barco bien hecho, y de buen ver? ¿Y, se podrÃa decir que es un barco viviente?