El corsario rojo
El corsario rojo —Ese barco debe tener una tripulación extraordinaria, por no decir insensible —dijo— no serÃa muy difÃcil tomarlo por un barco fantasma.
—Es realmente un barco mercante cuyas proporciones son admirables y la dotación perfecta.
—¿Mis temores son infundados, o efectivamente hemos corrido el riesgo de ver a los barcos estrellarse?
—Ha habido ciertamente algunos motivos para temerlo; pero como puede ver estamos a salvo de ese riesgo.
—Hemos de dar las gracias a su talento. El modo en que nos ha sacado de ese peligro tiende a contradecir directamente todo lo que nos predijo sobre los riesgos a que nos Ãbamos a exponer.
—Sé perfectamente, señora, que mi comportamiento puede interpretarse desfavorablemente, pero…
—Usted no creyó que hubiera mucho mal en divertirse a costa de tres mujeres crédulas —dijo mistress Wyllys sonriendo—. ¡Pues bien!, hasta la presente ha estado jugando con esta distracción, esperemos que estará dispuesto a tener compasión de lo que se suele llamar debilidad natural del espÃritu de las mujeres.