El corsario rojo

El corsario rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando terminó de decir estas palabras miró a Gertrudis, con una expresión que parecía decir que sería cruel jugar más tiempo con los temores de una muchacha tan ingenua. Los ojos de Wilder siguieron a los de la institutriz, y cuando respondió, fue con un tono de sinceridad muy apto para convencer a cuantos pudieran escucharle.

—Le diré, señora, con la veracidad que un hombre de honor debe a su sexo, que persisto aún en creer todo lo que le dije.

—¡Qué!, ¡las ligaduras del bauprés y los masteleros!

—No, no —dijo el joven marino, sonriendo ligeramente, y sonrojándose mucho, eso quizá no sea todo. Sin embargo ni mi madre, ni mi mujer, ni mi hermana hubieran subido con mi consentimiento a bordo de La Real Carolina.

—Su mirada, su tono y su aspecto de buena fe están en extraña contradicción con sus palabras, muchacho; pues mientras que su exterior me invita a concederle mi confianza, sus palabras no tienen apenas razón para apoyarla. Quizás, yo debería estar avergonzada de semejante debilidad, y sin embargo, confesaré que la tranquilidad misteriosa que parece reinar a bordo de ese barco, todavía tan cerca de nosotros, ha hecho nacer en mí una especie de malestar inexplicable que puede tener relación con su asunto. ¿Es ciertamente un negrero?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker