El corsario rojo
El corsario rojo La persecución fue entonces calurosa y seria, sin embargo la chalupa, aunque siempre a poca distancia de sus perseguidores empezó a ganar terreno a medida que vencía gradualmente la resistencia del agua; pero al cabo de algunos minutos la barca pasó rápidamente bajo la popa del otro navío, y poniéndose en línea recta entre ella y La Real Carolina, desapareció a la vista de todos. La chalupa que le perseguía no tardó en tomar la misma dirección. Pocos minutos después, se vio a la chalupa regresar del lado de La Real Carolina, moderada su marcha, lo que anunciaba que la persecución no había tenido éxito. Toda la tripulación se puso al mismo lado del navío, a fin de saber cómo había terminado esta aventura, y el ruido que había, incluso hizo salir a las dos damas de su camarote y las llevó a cubierta. El oficial saltó al puente sin decir una sola palabra, y corrió junto a su comandante.
—La barca era demasiado ligera para la chalupa, señor Nighthead, —dijo Wilder con voz tranquila al ver aproximarse al oficial.
—¡Demasiado ligera, señor! —¿Conoce usted al hombre que remaba?
—No muy bien, sé solamente que es un bribón.