El corsario rojo
El corsario rojo —Pero ¿no ve que está en donde ningún barco estarÃa ni podrÃa estar si hubiera seguido precisamente la misma ruta que nosotros? Ningún barco que haya salido de un puerto al sur de Nueva York podrÃa estar tan avanzado al norte por el viento que hace. Ningún barco que venga de la colonia de York corre ese riesgo si navega hacia el este, y no se encontrarÃa en este lugar si se dirigiera hacia el sur.
El honrado lugarteniente comprendió en seguida este razonamiento. No tardó en reconocer la justicia de las observaciones de su comandante, y entonces el asombro comenzó a apoderarse de sus facultades.
—Es realmente algo sobrenatural ver allà ese barco —dijo moviendo la cabeza—, sin embargo es un barco, nada es más cierto.
—No hay la menor duda, pero está extrañamente situado.
—Yo doblé el cabo de Buena Esperanza en el año 1746, y vi un barco que llevaba nuestra misma dirección. Sin embargo durante toda una hora creÃmos por el azimut que no bogó ni un solo grado a babor o a estribor; lo que, haciendo mal tiempo, estaba, por no decir demasiado, un poco fuera de lo que habrÃa sido normal.
—Eso era muy raro —dijo Wilder como distraÃdo.