El corsario rojo
El corsario rojo —¡Preparad rápidamente una chalupa!, ¡al mar! —gritó Wilder sin detenerse a examinar la posibilidad de que se salvasen nadando, o que se les pudiera presentar la menor ayuda en medio de una tormenta como aquélla.
Pero los marinos confusos y estupefactos no le entendÃan; ninguno se movió ni dio la menor señal de obediencia. Daban vueltas alrededor de ellos fuera de sÃ, cada uno intentaba ver en el rostro triste de su compañero, lo que pensaba de la gravedad del peligro; pero ni una sola boca se abrió para hacer la menor observación.
—¡Es demasiado tarde!, ¡es demasiado tarde! —se dijo Wilder desesperado—; ningún esfuerzo, ningún poder humano puede salvarles.