El corsario rojo
El corsario rojo —¿Llama a esto esperanza? —gritó mistress Wyllys cuando esta corta explicación hubo terminado—. He oÃdo decir que el remolino que hacen los barcos al hundirse se traga todas las cosas de menor tamaño que flotan junto a él.
—Eso ocurre algunas veces. Por nada en el mundo quisiera engañarles, y les diré ahora que las probabilidades que tenemos de salvarnos son, al menos, iguales a las que nos exponemos de ser tragados con el barco.
—¡Es terrible —dijo el aya—; pero que se cumpla la voluntad de Dios!, ¿sabrá la destreza suplir a la fuerza?, ¿y no habrá algún medio de lanzar la chalupa al mar antes del momento fatal?
Wilder hizo un signo con la cabeza que no daba lugar a equivocación.
Les mostró entonces los objetos ligeros que podÃan necesitar si tenÃan la suerte de escapar del naufragio, y les aconsejó que los llevasen sin pérdida de tiempo a la chalupa. En tanto que las tres mujeres estaban ocupadas de esta manera, bajó a la bodega, para ver el avance del agua y calcular el tiempo que transcurrirÃa antes cié que el barco se hundiera totalmente.