El corsario rojo
El corsario rojo Pero sus pensamientos se cambiaron hacia el modo de procurarse su seguridad. Wilder, sin embargo, ya las habÃa prevenido, y antes que mistress Wyllys y Gertrudis hubiesen recobrado sus sentidos, él se habÃa ocupado, con ayuda de Casandra muy asustada pero no por ello menos activa, de disponer todo lo necesario sobre la chalupa de manera que estuviese en condiciones de dirigirse al agua con la menor resistencia posible.
—Con un barco bien equipado y una brisa favorable —exclamó nuestro aventurero con el entusiasmo propio del que ha terminado un trabajo que resultó fácil—, podemos todavÃa esperar llegar a tierra en un dÃa y una noche.
Después de unos minutos de reflexión, extendió su mano abierta hacia el sudoeste, y la mantuvo algún tiempo expuesta al aire de la noche.
—No creo que haya nada peor que cruzarse de brazos —dijo—, cuando uno se encuentra en una situación como la nuestra. Hay algunos sÃntomas de que una brisa sople de costado. Tengo que prepararme para aprovecharla.