El corsario rojo
El corsario rojo Durante esta corta conversación, el buen Homespun había llegado sano y salvo al término de su vuelo aéreo. Fue atentamente recibido por Fid quien se levantó a su lado, y le hizo sitio cómodamente entre la verga y el extremo de la misma, le ató con una correa de forma que pudiera mover libremente las manos.
—Arregle un poco el pantalón de este pobre diablo —le dijo Richard después de tomar todas las precauciones para que el buen hombre no pudiera caerse—; vamos, cósame todo esto. Pero ¿por qué, compañero, abres ojos tan grandes como una porta? —dijo Fid—. Cuanto ve a su alrededor es agua, a excepción de ese punto azul del lado este que es una parte de las montañas de las Bahamas, ¿comprende?