El corsario rojo
El corsario rojo —¿No tenÃa más que ocho años? —preguntó una fuerte voz al lado de ella.
—No tenÃa más que ocho años; pero su suspicacia estaba muy por encima de su edad —respondió mistress Wyllys vacilando como quien se despierta de un sobresalto, y volviéndose para mirar al Corsario.
—Está bien, está bien —interrumpió el capitán del castillo de proa, que no se atrevÃa a continuar un examen en el que su temible comandante creÃa conveniente intervenir—, me atrevo a decir que todo está en regla.
Hablando asà el dios pasó rápidamente ante los oficiales, y dirigió su atención a los soldados marinos que estaban en formación, sintiendo la necesidad de un mutuo apoyo para mantener un examen tan pormenorizado. Perfectamente conscientes de la carrera que cada uno habÃa hecho, y temiendo ser despojado de su autoridad, el jefe del castillo de proa escogió entre toda la tropa a un novato, y ordenó a sus ayudantes que llevasen a la vÃctima a la proa del barco, donde creÃa que podrÃa llevar a cabo las pesadas bromas con menos peligro de ser interrumpido. Enojados ya por haber servido de irrisión a toda la tripulación, y decididos a defender a su camarada, los soldados marinos se resistieron.